....Bernardo Torrens INICIO.... galerías.... novedades.... textos.... contactar...
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
ÁMBITOS MISTERIOSOS. GRITOS CALLADOS por Gabriel Villalba, Comisario de "Cuatro de Madrid. Realismo Español Contemporáneo"
... Esto de representar imágenes
No todo lo que se puede nombrar es lo que existe. Ha tenido el hombre desde lo más remoto de los tiempos la facultad del gesto: el código de la expresión. Se ha diferenciado, se ha enriquecido precisamente por la facultad que más le separaba de los suyos. El rasgo. La capacidad de realizar acciones en un impulso afectivo. Sobraba, quizás, el verbo. O no fue lo primero. Antes hubo de existir el ademán, la seña. Capacitado, suficiente para contener todo lo que podía expresar, inventa el hombre un primer lenguaje: el de su propio cuerpo, dictado por su propio pensamiento. El rasgo deviene en trazo, acto volitivo como puente de entendimiento, tal vez como grito silencioso, como sonda lanzada que pretende entendimiento, que necesita llegar al otro lado, a la otra orilla: al otro pensamiento para medir el suyo. Inventa el hombre la manera, su manera, por medio de la imaginación, de lo más íntimo. Narra, hilo transmisor, comunica, hilo misterioso, como verdaderas cosas que no lo son, que no existen. Solo el pensamiento, transformado en realidad, añadidura, exceso. Por el hallazgo de lo expresivo puede exteriorizar, de manera definitiva, aquello que siente, que quiere, que sólo había tenido esquema dentro de él. Subviene el proceso: crea la realidad porque la nombra y la conforma. Previamente no existe la realidad, existe la creencia de que la realidad existe. Intuición. Recreación de lo íntimo, de lo anímico. Ahora es capaz, ya, de comunicar una cierta apariencia de vida a la obra hecha. De animar lo abstracto para lo determinado, facultando la emisión o recepción de las emociones, de las impresiones, estimulantes o deprimentes, como asiento claro de actitudes correspondientes. Se ha hallado, definitivamente, el lenguaje silencioso - el misterio - lugar cerrado del pensamiento que logra dar a conocer las circunstancias de si mismo, expresar que las cosas designadas son en efecto una sola aún en los distintos casos. Capacidad para la transmisión: el movimiento. Todo fluye, entonces, del misterio a la claridad, del pensamiento a la mano, el hombre lo conduce y pretende inventar la realidad que no existe y así se topa con la propia. En esta lucha y sin la palabra, utiliza su fuerza para librarse del obstáculo: el profundo instinto. En efecto, lo traduce por el trazo, con el rasgo aparece, por fin, la realidad creada y adecuada a lo percibido, a lo sentido y que coincide en la esencia, lo que una cosa es prescindiendo de lo dictado por el sentido. La razón. Podríamos llamar trazo al dibujo, acaso la mejor forma de entender el concepto de pintura fuera asimilándolo al del lenguaje, podría, también, considerarse manera a todo el conjunto, pero todo ello unido no es otra cosa que pensamiento. Ambito extraño, espacio determinado donde es imposible establecer los límites porque es el límite. Así la pintura, así el dibujo. Perfecta correa de transmisión de lo íntimo a lo claro ejerciendo el derecho de hacer, la facultad y la libertad de elegir. La opción. De tal manera el realismo conmueve, no por lo que pueda tener de fijación de lo percibido sino por lo que tiene de privado, de hermético, de ajustado esquema de representación de lo intuido, de lo meditado alzado al grado de creación, posibilitando, necesariamente, que pueda comenzar a existir. La exposición que nos ocupa, ofrecida por el Museo de la Universidad Oglethorpe , reúne desde muy distintas vias, desde posiciones muy diversas, conclusiones que servirán de pacto con todo lo anterior. Cuatro acciones. Cuatro modos diferentes de percibir, de aprehender, bien con los sentidos o con la inteligencia, algo tan inaprensible como la realidad.
De los Cuatro de Madrid atendamos la emoción de Bernardo P. Torrens: La realidad acechada. La observancia cautelosa. El propósito de vigilancia, de estar a la espera de que algo se produzca para apropiárselo, como contenida emoción, preside cada obra del pintor. Captar la acción y que ésta, sujeto u objeto, quede sustantivada, plasmada. Quieta como reflejo de un suceso anterior y que así pueda ser nombrada no por lo que representa, sino por lo que fue. Heladora resonancia de la descarga, de la fijación del instante posterior. Llevar el tiempo a su anterior transcurso, impedir que los acontecimientos del drama tengan solucion. Pender el punto de la reflexión, con la plomada apuntando al corazón, es la propuesta. El proyecto presentado: la provocación. Dejar queda la posición para intranquilizar al adversario. Realidad estática no dada a la lujuria aunque muestre su código. Pacífica oratoria que desgrana el discurso lacónico de la carne dispuesta, del abrazo eterno, de la mirada sigilosa por los resplandores gríseos que separa el deseo del pecado material. Incitante acto espiritual, amorosa entrega Dictina que por amor transforma y por amor sucumbe. Auténtica realidad, como la apoyada en un dichoso país donde se para el aire para quedar reflejado en un espejo. .................................................................................... |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||
` todas las obras tienen el copyright
de Bernardo Torrens
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||